Tema del Momento

Los traumas de amor en la adolescencia

Mi abuela decía que en la adolescencia es donde se vive el amor más puro, y tenía razón porque nunca me volví a enamorar como tenía catorce años e iba en la secundaria. Esta es mi historia.

La calle lucía gris. Los pórticos de las casas viejas de la colonia eran fieles estampas de un solitario pueblo, donde las nostalgias descansan y las personas recuerdan a los viejos amores. En una de esas tardes, recordaba a mi amor. Cómo y cuándo lo perdí son preguntas que aún no las he respondido, y sólo viene a mi mente las palabras de mi abuela: El amor que más destruye es el de la primera vez. Debí hacer caso a esa advertencia antes de estar aquí.

Conocí a Mariana cuando ingresamos a tercer año de secundaria. Yo pensaba que el amor era un invento de los adultos. O una palabra que no tiene significado ni existencia en los diccionarios. Y que se ocupaba de pretexto para poseer a una persona, vivir juntos, enojarse sin enojarse y asegurar el resto de la vida sin soledad. Pero todo eso cambió en mí.

De repente, me gustaba saber que ella, verla en el salón sentada en su butaca, con sus ojitos bonitos, su mirada llena de enigmas y su linda y delicada manera de dirijirse a los demás, se convirtió en la única y bella razón por la que yo me despertaba a las 5 de la madrugada, me bañaba con agua fría, tomaba un vaso de leche, me lavaba los dientes, escuchaba los regaños de mi mamá por traer los zapatos mugrosos.

Tomaba el metro y veía a Mariana reflejada en cada persona. Qué raro es eso, vez a cualquier chica y se refleja tu amor, cuando subía al vagón miraba a un montón de Marianas y una inmensa sonrisa me invadía.

El día que me atreví a hablarle, fue la acción más importante que había hecho en mi vida. Nunca me creí capaz, en serio, pero de pronto sentí un deseo inexorable por saber cada cosa de Mariana como: qué pensaba, qué tipo de chicos le gustaban, si tenía hermanos, si le gustaba el helado de chocolate, si le gustaba bailar o prefería platicar, o si veía películas románticas y lloraba con los finales felices o si odiaba los finales tristes.

-Hola Mariana, te gustaria ir al cine conmigo – le dije sin pensarlo, sin saber cuál era el motivo de aquella acción y sorprendiéndome a mí mismo.

-¿Quién eres?

-Soy Juan, tomo clases contigo.

- Sí, ya me acordé, eres el chico que siempre me ve.

Me sonrojé y quise huir de ahí. ¿Cómo se pudo enterar? qué iluso fui en observarla en la clase de Geografía que era la más aburrida y que para matar el tiempo, mientras la maestra viejita y regañona hablaba de lagos y ríos en México, hundía la mirada en Mariana y me perdía en imaginar un futuro a su lado donde yo la amaba con todo mi corazón, viajábamos por el mundo, comíamos helado en la Alameda y le robaba un beso.

Aceptó la invitación después de que me quedé callado y bajé la mirada por la pena que me invadió. El día de la cita me presenté media hora antes, esperé impaciente mirando el reloj cada cinco minutos. Me quedé aguardando su presencia por más de cinco horas pero ella nunca llegó.

Al día siguiente, me acerqué para preguntarle por qué no había asistido a la cita, ella sólo contestó "mírate, ¿cómo podría salir con alguien como tú?" De inmediato se rompió mi corazón la persona que amaba y admiraba era la mujer más cruel del mundo. Nunca pude recuperarme después de Mariana, incluso ahora que soy adulto antes de invitar a salir a una mujer me pregunto "¿ella quisiera salir con alguien como yo'".

Cargando...