Como decía mi abuela

Añorando a México: el síndrome del Jamaicón

Katia es una chica de 24 años. Estudió la carrera de Ciencias de la Comunicación en la UNAM. Su padre, catedrático de la Máxima Casa de Estudios, debía viajar a Costa Rica para un congreso internacional y decidió llevar a su pequeña familia a vivir esta experiencia. Su hija, al ser muy curiosa, decidió conocer los lugares más representativos de la nación latinoamericana y probar su gastronomía. Lo que obtuvo fue una fuerte infección estomacal que, a su llegada a México, no mejoraba. Ella sólo decía “quiero comer comida mexicana y beber agua que no salga de la llave”.

Ella como miles de mexicanos, sufrió el síndrome del Jamaicón. Pero, ¿qué es eso?, ¿es una extraña enfermedad o sólo una cuestión de sentimientos encontrados?, ¿qué es el Jamaicón y por qué nos afecta tanto al visitar algún país extranjero?

¿Quién es el Jamaicón?

José Villegas Tavares nació el 20 de junio de 1934 en la colonia La Experiencia, en Guadalajara, Jalisco. Desde pequeño se le conoció como “el Jamaicón”, debido a que lloraba mucho y por cualquier situación. Cuando era joven, trabajó como obrero hasta que se apuntó a las filas del Club Imperio de futbol en 1949. En 1951, jugó como seleccionado estatal en la Final de Campeonato Nacional, que se realizó en León, Guanajuato.

En este mismo año, fue parte de las filas del Club La Piedad pero sólo estuvo en el equipo seis meses, ya que no le pagaban. Pero el destino le tenía una gran sorpresa. El último partido que jugó con La Piedad fue contra el Club Guadalajara. Los directivos de este último notaron que, a pesar de su comportamiento aletargado tenía unas piernas que valían millones de pesos. Ellos fueron a buscarlo a La Experiencia donde ya laboraba de nuevo como obrero en una fábrica de textiles. A los 20 años y con tres meses jugando con las Chivas, ganaba 250 pesos, salario menor al ofrecido en su equipo anterior pero el cual le daría frutos con el tiempo.

La acción con la que se consagró como un gran futbolista fue, según el sitio web de aficionados del Club Guadalajara, “detener el ferrocarril de Francisco Dos Santos ‘Garrincha’, cuando jugaba en el Botafogo, durante un encuentro en el estadio de Ciudad Universitaria”.

Nadie detenía al Jamaicón. Fue 28 veces convocado para jugar con la Selección Nacional y participó en dos copas del mundo. También se coronó como campeón de liga con las Chivas en ocho ocasiones entre 1956 y 1970.

Ay, Villegas, ¡no te rajes!

El Jamaicón lo podía todo, menos jugar en canchas fuera de México. No era el mismo. Su rendimiento era bajo y era opacado por los futbolistas de otros países. Se le llama síndrome del Jamaicón a la sensación que tienen los mexicanos de nostalgia y añoranza hacia las acciones que realizaban en su tierra natal antes de marcharse al extranjero.

Pero, ¿por qué se le adjudica a Villegas? Hay dos leyendas que afirman que el jalisciense es el ejemplo cumbre de este sentimiento. La primera de ellas es una anécdota de Seatiel Alatriste publicada en la Revista Universitaria de la UNAM, donde se relata lo siguiente: “muchos ojos estaban puestos en el jugador del Guadalajara y en sus “murallas” a los tres cuartos de cancha. Trelles incluso le ofrecería la oportunidad de jugar al Piolín Mota para sustituir a la Tota Carvajal en la portería. Cuando Mota le manifestó su preocupación Trelles le habría dicho que no tenía de qué preocuparse, el Jamaicón estaría ahí en la defensa para evitarle problemas. El marcador final contra la selección inglesa fue de ocho goles a cero (a favor de Inglaterra, por supuesto). En la mayoría de los casos, los delanteros del Reino Unido pasaron sin mayor problema la defensa mexicana. En una entrevista posterior, José Villegas diría que extrañaba a su ‘mamacita’, que llevaba días sin tomarse una birria y que no soportaba la vida si no estaba en su tierra”.

La otra versión es la que plasma Carlos Calderón Cardoso en el libro Anecdotario del futbol mexicano (Ficticia, 2006). El acontecimiento sucedió en Lisboa, en 1958 unos días antes del Mundial de Suecia. Para recibir a la selección tricolor, se brindó una cena en su honor. De un momento a otro, el Jamación desapareció. Extrañado, Nacho Trelles, entrenador del equipo, fue a buscarlo. Lo encontró deambulando por el hotel con cara de tristeza. Al preguntarle por qué estaba así, Villegas contestó: “¡cómo voy a cenar si tienen preparada una cena de rotos. Yo lo que quiero son mis chalupas, unos buenos sopes y no esas porquerías que ni de México son!”.

El síndrome del Jamaicón en la actualidad

Esta definición se utiliza para aminorar los malos resultados de la selección mexicana en torneos importantes como la Copa Oro o las Copas del Mundo. Pero ya no sólo se aplica en el ámbito futbolístico. Las personas lo emplean de forma coloquial cuando se encuentran lejos de su pueblo, su ciudad o su país; extrañan la comida, a sus parejas, a su familia y hasta a su cama.

Ejemplo de lo anterior es la columna de Salvador Camarena en la publicación Más por más. El texto se titula El Síndrome del Jamaicón en el DF y explica tomando como punto de partida su despido de un diario cuyo nombre no menciona. “Migrar es renunciar a muchas cosas. A algunos paisajes, a ciertos modos de ser, a sonidos, olores, tradiciones y rutinas. Y por supuesto a la familia, a algunos amigos y a cierta comida. La peor nostalgia, he aprendido en 19 años fuera de Guadalajara, es la que duele cuando se combinan la añoranza por la comida del entorno familiar. Con ese sentimiento amanecí el viernes pasado. Luego de dar vueltas acabé en un puesto callejero de tacos de cabeza. No estaban mal. Pero no eran nada parecido a los que, de noche principalmente, se comen en la capital de Jalisco”, escribe con tristeza.

Sin importar el lugar a donde viajemos, nunca estaremos a gusto. No hay nada como el calor de hogar, el caldo de pollo de la abuela, los tacos a los que nos llevaba nuestro padre y la riquísima salsa verde hecha en el molcajete por nuestra madre. Como México, no hay dos.

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