De chile, mole y manteca

Alebrijes, más que una artesanía mexicana

Seguro  en más de una ocasión has visto alguna de esas figuras coloridas talladas en madera con forma de animales fantásticos: sirenas, dragones, híbridos entre  animales y humanos llamados alebrijes, pero quizá lo que no conocías es que desde hace más de 30 años son una de las tradiciones más redituables del estado de Oaxaca.

Si bien la tradición artesanal de elaborar juguetes y máscaras de madera ya estaba arraigada en el estado, los alebrijes de madera de copal son creaciones recientes, pero que en este corto tiempo se han convertido en una de las artesanías mexicanas más vendidas en Estados Unidos.

El libro “La riqueza de los bosques mexicanos: más allá de la madera” escrito por Citlalli López menciona que Manuel Jiménez, un ciudadano de la comunidad de San Antonio Arrazola (Oaxaca),  es considerado el famoso creador de los alebrijes de madera.

Sus diseños elaborados a partir de su imaginación y de los sueños que tuvo durante un tiempo en el que estuvo enfermo  inspiraron la creación de sus artesanías, las cuales influyeron en otros artesanos que muy pronto aprendieron e imitaron su técnica.

Un mito de  este oficio es que ningún artesano puede elaborar un alebrije sin que antes haya soñado con él, “porque la belleza de esto objetos se encuentra en el surrealismo y la capacidad onírica que sus artesanos representan, en su diseño y pintura” de acuerdo con lo que menciona Gerardo Deniz en su libro “Alebrijes”

Actualmente  los alebrijes se producen en talleres familiares y se venden directamente al público en los pueblos de los artesanos,  en mercados, tiendas de artesanías en Oaxaca y otras tiendas a lo largo de la República Mexicana. También se exportan a Estados Unidos, Canadá, Francia y España.

Sin embargo, un elemento negativo que ha causado la elaboración de estás artesanías es que su creciente demanda ha provocado la tala de una mayor cantidad de árboles alrededor de los Valles Centrales, donde se encuentran la mayor parte de los artífices.

De hecho Citlalli López  declara que hace  aproximadamente 15 años, la gran demanda de figuras causó la sobreexplotación de las especies y prácticamente todos los árboles de copal desaparecieron de los alrededores de Arrazola y San Martín Tijalcate, las dos comunidades que producen la mayor cantidad de alebrijes.

No obstante, a pesar de las consecuencias ecológicas que los alebrijes han originado, no se puede negar que estas figuras son más que una artesanía mexicana porque gracias a ellas, los artesanos tienen una fuente de empleo que ha incrementado el ingreso económico de muchas familias.

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