Por debajo de las piedras

Rituales de parto que no conocías

El nacimiento de un hijo es considerado como uno de los momentos más felices en la vida de una madre, pero no en todos lados y no siempre los partos han sido tan sencillos como en la actualidad. Por esta razón, es interesante conocer la historia de este momento a través del tiempo.

Uno de los ritos de parto más curiosos y polémicos, es el conocido como la Covada o embarazo empático. Consistía en ceder el lecho del parto al padre, el cual fingía los dolores y recibía los cuidados mientras que la madre se dedicaba a sus labores y quehaceres domésticos.

En algunas sociedades esta acción es un tanto machista; la mujer es vista como un objeto de reproducción. No obstante, esto se daba en la transición de las sociedades matriarcales (periodo en el que las mujeres tenían mayor poder que el hombre al tener la capacidad de dar vida) a las patriarcales en algunas regiones de América del Sur, Nueva Guinea y Europa. El fin principal era que el hombre reconociera su paternidad y satisficiera el deseo de parir.

Una situación que preocupaba a las madres en México eran los malos espíritus. Para evitar que estos se introdujeran en el parto, cerraban las puertas y ventanas del hogar. En caso de que existieran grietas en la construcción, se tapaban con trapos de tela. Por ejemplo, en Europa tomaban todas estas previsiones y además, encendían la chimenea para espantar a los entes que quisieran atentar contra las madres y sus recién nacidos; protegía a la madre del intenso frío.

Los rituales de la cultura azteca en México se caracterizaron por ser sanguinarios y violentos, pero el parto tenía misticismo. Este era realizado en cuclillas (posición en la que se apoyan los glúteos en los talones) con el propósito de alcanzar la dilatación ideal del útero. Si el recién nacido era hombre, la partera le daba la placenta al guerrero para que éste la sepultará en algún lugar donde él hubiera librado alguna batallas y si era mujer, se enterraba en los terrenos que rodeaban el hogar.

En algunas sociedades antiguas cercanas a Medio Oriente, dar a luz era considerado como impuro; se daba en cobertizos o en el exterior de los hogares y no se les permitía el acceso hasta que estuvieran purificadas.

En el caso de Egipto, el parto se realizaba en el taburete de nacimiento (mesjenet), con el propósito de que la mujer estuviera en cuclillas y tuviera mayor dilatación uterina. Si existía dolor, era alivianado tomando cerveza y en algunos casos con masajes de vinagre, acompañados de rituales a las diosas de la fertilidad y la maternidad.

En Sierra Mágina, España, el alumbramiento estaba a cargo de las mujeres mayores que tenían el oficio de parteras. Colocaban una silla con un cojín atado en la misma y la futura madre ingería una infusión de café para provocar las contracciones uterinas. Una vez nacido el pequeño, se lavaba con agua templada y se untaba aceite de oliva.

En la actualidad, el parto se ha reducido al momento en el que el hijo nace. Con  ayuda de los médicos y la tecnología se ha aminorado del sufrimiento que las madres tienen durante el alumbramiento, ya sea con partos en el agua, a través de anestesia general o para las más fuertes, de forma natural.

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