Por debajo de las piedras

Sonidos de la ciudad: ¡tamales y fierro viejo que vendan!

La ciudad de México se caracteriza por su ritmo acelerado de vida, sus comercios, los distintos centros culturales y el intenso tránsito que diariamente padecen millones de capitalinos. Sin embargo, entre el bullicio que producen los motores de los automóviles, los vendedores de discos en el metro y los gritos de las personas, se pueden distinguir sonidos inolvidables que hacen de la capital del país un lugar único.

Pero, ¿siempre han existido las grabaciones donde invitan al público a deleitar su  paladar con tamales oaxaqueños o las que anuncian la compra y venta de fierro viejo? ¿el propósito de estos mensajes es sólo vender un producto o también informar a la población?

Las doce y todo sereno

La voz más popular en el Distrito Federal y en diversas regiones de América Latina durante la época colonial fue la del sereno. Por Decreto Real dictado desde España en 1715, este personaje trabajaba por la noche, anunciando la hora y cómo se encontraba el ambiente en las calles. Además, debía cuidar a los pobladores de los malhechores y avisar a las autoridades correspondientes si se daban incendios o necesitaba refuerzos para ayudar a la población.

Para ello, utilizaba un silbato que, dependiendo el tono con el que se hiciera sonar, tenía diversos significados que podían indicar allanamiento de morada o algún favor en especial para una persona del poblado. Este oficio perduró en nuestro país hasta inicios del siglo XX.

“Ahí viene el Tlacuache cargando un tambache por todas las calles de la gran ciudad”

El señor tlacuache o ropavejero fue uno de los personajes más atemorizantes en la capital de México durante el siglo XX; los pequeños que no se comportaban bien huían cuando lo escuchaban gritar, gracias a las advertencias de sus padres y a la canción escrita por Francisco Gabilondo Soler “Cri-Cri” llamada El ropavejero que dice “¡chamacos malcriados, miedosos que vendan y niños que acostumbren dar chillidos o gritar, cambio, vendo y compro por igual!”.

Según el sitio web Detrás de la pantalla, este hombre “viaja de pueblo en pueblo empujando su carretilla y coleccionando cualquier desecho que encuentra, principalmente (o al menos en su origen) ropa vieja (de ahí su nombre). En realidad cualquier cosa desechada por inútil o inservible es válida para el ropavejero, desde mobiliario antiguo hasta vasijas rotas, cosas que luego utiliza en trueques o venta directa. Normalmente se anuncia… haciendo sonar una campana pequeña o gritando su mercancía por las calles”.

“Se compran colchones; tambores; refrigeradores; estufas; lavadoras; microondas o algo de fierro viejo que vendan”

Actualmente, la figura del “tlacuache” no existe como tal. Se ha transformado en una grabación que, a través de un megáfono colocado en una camioneta, recolecta cachivaches. Pero, ¿de dónde proviene la voz que a muchos molesta y otros la aman tanto que la utilizan como tono de celular?

María del Mar Terrón vive en una humilde casa de la colonia Villa San Lorenzo, ubicada en el municipio de Chimalhuacán en el Estado de México. Tiene 19 años y es madre de Marimar, de cuatro meses. Ella se dedica a ayudar a su papá en la venta de fierro viejo y comida. Además, realiza shows para fiestas infantiles donde se viste de payasita desde que tenía ocho años.

Es famosa en todo el Distrito Federal y algunos estados de la república mexicana por realizar la voz que anuncia la compra y venta de aparatos electrodomésticos que ya la gente no desea. “Se realizó para obtener más venta. Ese cassette se grabó de doce de la noche a cuatro de la mañana… Yo escribí las palabras”, dice Marco Antonio Terrón, padre de María del Mar en una entrevista realizada por Cristina Pacheco para el programa de televisión Aquí nos tocó vivir.

En esta misma emisión, María del Mar explica que tenía aproximadamente 10 años cuando su papá le pidió que grabara ese anuncio. También afirma que nadie sabía de quién era la voz salvo amigos muy cercanos de la familia.



“¡Lleve sus ricos y deliciosos tamales oaxaqueños!”


¿Quién no ha salido por la noche a comprar unos tamales oaxaqueños? La voz invita a degustarlos. No importa si está lloviendo, hace mucho frío o es un día festivo, esa grabación aparece por cualquier rincón de la ciudad y del Estado de México, principalmente.

Elías Zabaleta es quien pregona este mensaje. Tiene 38 años y es veracruzano. Llegó a la ciudad de México cuando tenía 17 años, edad en la que grabó ese cassette a petición de su tío, quien se dio cuenta que detrás de esa voz gastada por las frecuentes infecciones en la vías respiratorias iban a encontrar éxito.

Y así fue. Su grabación se conoció por toda la ciudad y él seguía vendiendo tamales en Ciudad Nezahualcóyotl y parte de San Juan de Aragón. No obstante, jamás recibió regalías. En la entrevista que le realizó Cynthia Ramírez para Letras Libres dice que no recibe regalías pero que “siente feo” porque comerciales y empresas de telefonía han robado e intentado imitar su tono de voz. Actualmente se dedica a vender tacos en la zona de Polanco.



Así sean elotes, tamales o fierro viejo, los sonidos urbanos que han marcado a la ciudad de México se conservarán generación tras generación o evolucionarán hasta darse a conocer a nivel mundial.

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