Sabrosos pero picosos

Tanta carne y yo… ¡En Cuaresma!

Bendito marzo, traes contigo una de mis estaciones favoritas; la primavera. Por fortuna no sufro de ninguna alergia al polen, así que puedo disfrutar del calorcito y guardar en el clóset las chamarras, abrigos y botas invernales. Además, cómo no amar al tercer mes del año si nos regala un puente vacacional patrocinado por Don Benito Juárez y un poco después, las bonitas vacaciones de Semana Santa (que a veces nos hacen la mala pasada de caer hasta abril).

Esos días de descanso en que hasta los ateos dan gracias por tener tiempo para tomar el sol en donde sea posible. La cosa es regresar con un bronceado tipo Palazuelos. Y para eso pues está el clásico Acapulcazo o Cuernavacazo; ahora que si no hay mucho dinero pues siempre están los balnearios o hasta la azotea. Eso si es que no vives en el DF, donde hasta playas artificiales colocan para que nadie se quede sin un buen chapuzón.

Qué más da si la alberca parece un caldo de cultivo, si ya no cabe un camastro más en la arena, si tienes que dormir en el coche porque no hubo lugar en ningún hotel. La cosa es aprovechar ese tiempecito en el que otros han optado por quedarse a rezar.

Y yo me pregunto, ¿no se supone que para los que se dicen católicos esta época no es de recogimiento, abstinencia y penitencia? Pues no señores… Da la casualidad que justo en las vacaciones de Semana Santa la gente se deja llevar por sus pasiones a todo lo que da. Y cómo no hacerlo si las hormonas andan alborotadas con tanto calor, si se comen más mariscos que en otros días (y con eso de que dicen son afrodisiacos) y si en la playa más de uno anda babeando entre tantas tangas e hilos dentales.

Para muchos debe ser un suplicio tener que aguantarse las ganas de comer un poquito de carne en plena Cuaresma, ¿no creen?

Así que para aquellos que tengan planeado salir en los próximos días, no olviden un bronceador de verdad; eso de ponerse cerveza o aceite de coco es una pésima idea (se los digo por experiencia propia). Y si comen mariscos de dudosa procedencia, ¡aguas! Porque en una de esas pescan una salmonela que Dios los guarde. 

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