Ciencia neta

¿Puede un ciego experimentar una ilusión 'visual'?

Por Antonio Martínez Ron

Imagen: Buckingham et al.Imagen: Buckingham et al.

A poco que hayas pensado en la pregunta y hayas visto las comillas del titular estarás pensando que hay algún tipo de trampa. Si una persona no ve, pensarás, ¿cómo puede experimentar una ilusión visual? Tu pregunta tiene todo el sentido del mundo, pero en cuanto te explique en qué consiste el experimento del neurocientífico escocés Gavin Buckingham es probable no solo que lo entiendas sino que alucines en colores con la investigación.

Para entender lo que han hecho los científicos de la Universidad Heriot-Watt primero vamos a descibir una ilusión visual y cognitiva clásica que podemos experimentar cualquiera de nosotros. La prueba básica consiste en ponernos delante de tres cubos de diferentes tamaños (en este caso 15 × 15 × 15, 35 × 35 × 35 y 55 × 55 × 55 cm) y pedir a los voluntarios que los levanten por un hilo. Cada uno de ellos, a posterior, deberá valorar el peso estimado de cada uno y darle una puntuación del uno al diez.

Pues bien, casi sin excepción, los sujetos 'videntes' que realizan esta prueba sufren una ilusión que consiste en considerar que el cubo más grande es más ligero y los más pequeños consecutivamente más pesados. Pero la clave está en que los tres cubos pesan exactamente lo mismo. La ilusión se produce porque nuestro cerebro, que como ya hemos visto muchas veces por aquí utiliza un montón de pistas para reconstruir la realidad, usa la información visual para hacer su estimación y como espera que el grande pese relativamente más, se produce el error de creer que pesa menos.

Ahora vayamos al experimento de Buckingham y sus colegas publicado en la revista Psychological Science. Su intención era ver cómo puede influir el hecho de orientarse espacialmente con ecolocalización en personas invidentes y si puede inducir a confusiones parecidas. ¿Que de qué estoy hablando? De una característica muy especial de algunas personas ciegas que utilizan una serie de clics con la lengua o palmadas para valorar qué forma tienen los objetos que tienen delante, como si estuvieran usando un sónar, solo que en este caso sus oídos son los que valoran la forma en que rebota el eco sobre la superficie de los objetos.

Una vez conocidos estos detalles, lo que hizo el equipo fue reunir a tres grupos de personas y someterlos a la misma prueba de la ilusión "tamaño-peso". En el primer grupo había personas con una visión normal, en el segundo un grupo de invidentes de control y en el tercero un grupo de tres invidentes (de 22, 49 y 57años) que usan estas técnicas de ecolocalización para orientarse.

Lo que pasó es lo que realmente tiene relevancia para el estudio. Como era de esperar, las personas que veían sufrieron mayoritariamente la ilusión de que el cubo grande pesaba menos y el grupo de ciegos 'no ecolocalizadores' levantaron los cubos del hilo y no notaron ninguna diferencia de peso. Pero el grupo de invidentes ecolocalizadores sufrió exactamente la misma ilusión que los videntes. Es decir, su valoración espacial por el eco les indujo a un engaño similar al que produce la vista, lo que lleva a los científicos a concluir que estas técnicas de chasquido de lengua y palmadas puede activar el cerebro de manera similar a como lo hace la vista."Esto significa que [la ecolocalización] es más que una herramienta funcional", asegura Buckingham. "No les ayuda a diferenciar el color azul o el rojo, pero es un paso en esa dirección". Y sobre todo que la ecolocalización puede influir en la percepción individual de aspectos no visuales del mundo, igual que lo hace la visión.

Referencia: The Size-Weight Illusion Induced Through Human Echolocation (Psychological Science) | Vía: The New York Times

 

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