Ciencia neta

La influencia de tu nombre en tu futuro

Joseph Brownstein

LiveScience.com

La idea de que nuestros nombres están entrelazados con nuestro destino tiene raíces bíblicas: según el libro del Génesis, Abram vio su nombre cambiado por el de Abraham, para adaptarse a su carácter de "padre de multitudes", que es el significado de Abraham en idioma hebreo.
En años recientes los sicólogos sociales han descubierto que las personas se dejan influir por los nombres al decidir con quién casarse, en qué calle vivirán y el trabajo con el cual se ganan la vida. Y que lo hacen tomando en cuenta los parecidos entre los nombres de personas y lugares y sus propios nombres.

El investigador de la Universidad de Pennsylvania Uri Simonsohn, está protagonizando una controversia por estos días sobre la real importancia que los nombres tienen en nuestras decisiones existenciales. La investigación de Simonsohn apuntó a determinar cuánta importancia le dan las personas a la elección de un lugar de trabajo cuyo nombre sea similar al propio.

El estudio será publicado en la próxima edición de la revista científica Psychological Science, y tomó como muestra a 438.000 personas estadounidenses que donaron dinero a campañas electorales en 2004. Para comparar la muestra se usó un estudio similar realizado en Bélgica en el cual se incluía a un tercio de la población de ese país europeo.

El estudio belga encontró una proporción de 13% de personas en empresas cuyos nombres coincidían en sus tres primeras letras con los de sus empleados.

Pero después de comparar los nombres de las personas que trabajaban en empresas estadounidenses bautizadas con nombres o apellidos (como sucede, por caso, con las firmas de abogados), Simonsohn no encontró mayores coincidencias entre los nombres o apellidos de los empleados y el de las compañías para las cuales trabajaban.

¿Qué es un nombre?

En contra de estudios que han hallado una relación entre los nombres de empresas y los de sus empleados, Simonsonhn asegura que puede tratarse de coincidencias.

Los dichos de Simonsohn son rebatidos por Frederik Anseel, profesor de sicología industrial y organizacional de la Ghent University, y coautor del estudio belga.

"No creemos que las conclusiones de Simonsohn desmientan el efecto nombre-letra de nuestro estudio", dijo Anseel en una entrevista con esta columna. Anseel ya está por publicar un artículo que sostiene su punto de vista en la publicación estadounidense Psychological Science.

Las diferencias culturales pueden haber influido en la polémica. Simonsohn señala queun porcentaje mayor de estadounidenses suelen fundar sus propias empresas. Anseel opone que el efecto de la similitud de nombres entre empleados y compañías se ha encontrado en diversos países alrededor del mundo.

Jean Twenge, profesor de sicología en la San Diego State University, asegura ser escéptico con relación al estudio de Simonsohn.

Según Twenge, es un hecho que la gente sí suele sentir más afinidad por nombres de empresas que les recuerdan a su propio nombre o apellido.

El profesor de la San Diego State University asegura que la muestra del estudio de Simonsohn (un listado de donantes a partidos políticos) podría no ser representativa de la totalidad de la población estadounidense. Según Twenge, donantes a organizaciones políticas podrían ser personas más adineradas y dispuestas a abrir negocios propios. "Ese hecho podría afectar la variable que el estudio analizó",asegura.

Teodora la doctora

Investigaciones previas hallaron afinidades entre nombres y oficios en diversas áreas. Por caso, en Estados Unidos se encontraron más dentistas llamados Dennis de lo que sería previsible en las estadísticas de la población en general. La similitud, si bien no es un calco, es evidente: Dennis suena parecido a "Dentist", la palabra inglesa que significa dentista.

En estudios previos, Simonsohn había criticado otros estudios sobre coincidencias de nombres, especialmente uno en el cual se sugería que las personas se casan con aquellas de nombres similares a los suyos. Como argumento, Simonsohnsugería que tales similitudes en nombres o apellidos estaban más influidas por las coincidencias étnicas de las parejas o por sus antecedentes personales.

"Estoy abierto a la idea de las afinidades de nombres y empresas o parejas", dice Simonsohn, "pero si alguien me dice que las personas basan las grandes decisiones de sus vidas en coincidencias de nombres, letras o apellidos, soy escéptico; las personas necesitan más información para tomarlas", dice el investigador.

El propio Simonsohn se muestra flexible al recordar un estudio de la universidad de Michigan, publicado en 2008, en el cual se demostraba que las personas eran más propensas a donar dinero a las víctimas de un huracán si éste se llamaba de forma similar al donante.

Por caso, una Rachel estaría más dispuesta a donar para los damnificados del huracán Rita. El estudio contaba de todas las Katrinas que fueron activas participantes de las labores de caridad tras el huracán homónimo que azotó a Estados Unidos en 2005. "Ese tipo de coincidencias es comprensible", afirma Simonsohn.

Pero el investigador insiste en que cuando se trata de decisiones más cruciales que donar o no donar para una obra de caridad, los nombres no son un factor de peso. Por caso, que las personas toman un trabajo en función del dinero que les ofrecen, y las condiciones de crecimiento, sea cual sea el nombre de la empresa oferente.

La pregunta es qué peso tiene el inconsciente en nuestras decisiones, y más aún en los casos en que estas parecen ser tomadas de forma frívola o tonta. Investigadores como Anseel insisten en que las personas no siempre toman decisiones racionales sobre sus vidas. "Nos gusta vernos a nosotros mismos como seres racionales que estudian los pros y contras de aceptar un empleo determinado, pero nuestros estudios demuestran que hay otros factores en juego en la toma de decisiones", concluye el profesor de la San Diego State University.

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